1Santa Fe
Clima extendido de la ciudad de Salta Temperatura: 16ºC
Humedad: 82%
Presión: 882.49 hPa

Hoteles Buenos Aires
alquiler de carpas para eventos

Historia de Salta

Pueblos Originarios


En el actual territorio salteño se asentaron varias culturas originarias: los Lules y Vilelas, hacia el este, los Diaguitas en el centro y límites con las provincias de Jujuy, Tucumán y Catamarca, los Omaguacas de la Quebrada, en la zona limítrofe con la provincia de Jujuy y con Bolivia y finalmente los Apatamas de la Puna.


Los Lules y Vilelas eran nómades, descendientes de los huarpes del Chaco. En cambio los otros pueblos eran sedentarios, su economía se basaba en la agricultura y excepto los apatamas de la puna, eran también guerreros.

Los lules y vilelas sorprendieron a los conquistadores con su aspecto desgarbado, sus adornos de plumas y su carrera veloz. Por eso fueron llamados "suríes" (suri, avestruz). Cazadores y recolectores, utilizaban las pieles de los pecaríes y jabalíes que cazaban, se alimentaban de frutas y raíces, ocupando un lugar central en su alimentación la algarroba (vaina del algarrobo), con la que hacían una bebida alcohólica llamada chicha, al igual que el guarapo que preparaban con miel. Rescataban el agua de lluvia de huecos y pozos. Sus armas eran el arco y la flecha, los dardos y la macana. Como adornos llevaban pendientes en las orejas, y en las fiestas se pintaban la cara y el cuerpo; los hombres simulando las manchas del yaguareté, y las mujeres de negro y colorado.

En la primera mitad del siglo del siglo XVIII hubo varias reducciones de estos pueblos y una de ellas da origen al actual
municipio de Lules en la provincia de Tucumán.
 

Los Diaguitas y Omaguacas cultivaban maíz, zapallo, papas, porotos y quinua.  Tenían un sistema de labranza muy desarrollado, con cultivo en terrazas y sistemas de riego que prácticamente es el que se utiliza hoy en día. La algarroba era muy importante, era conservada en silos subterráneos y con ella fabricaban la aloja y el patay, especie de torta o pan hecha con algarroba molida como harina.  También criaban llamas, que les servían como animales de carga y les proveían de lana. 

Los diaguitas eran más bien vegetarianos, en cambio los omaguacas complementaban su alimentación con carne de guanaco, avestruz y aves que cazaban.

 

Los diaguitas y omaguacas eran grandes ceramistas y alfareros, la máxima demostración de su arte son las urnas funerarias infantiles, con enorme variedad de estilos y decorados.  Cada pueblo tenía su decoración particular, por ejemplo los diaguitas producían unas urnas rojizas globulares decoradas en negro, en cambio los calchaquíes las hacían ovaladas y pintadas de varios colores.   Pero los apatamas tenían una alfarería algo tosca. 

También trabajaron los metales, que sabían extraer y manipular: cobre, bronce, oro y plata.  Otras industrias eran la canastería y el trabajo en madera.  Los apatamas trabajaban hábilmente las calabazas, adornándolas con motivos geométricos, y una particularidad de este pueblo, es que sabían cosechar sal, que intercambiaban con sus vecinos.

Las viviendas eran rectangulares, de piedras, con el sistema denominado "pirca" (pared de piedra sin argamasa) y los techos de paja o torta (mezcla de barro y piedritas) y tenían una única abertura como entrada.  Los poblados alcanzaban grandes dimensiones, constituyendo ciudadelas fortificadas de difícil acceso.  Sin embargo las viviendas de los apatamas no tenían puertas, por lo que se supone que entraban por el techo mediante escaleras, y sus poblados estaban poco defendidos.

Su vestimenta era típicamente andina: largas túnicas que les llegaban hasta los tobillos, ojotas, los cabellos trenzados a la espalda.  Usaban muchos adornos, de hueso, piedra, cobre o bronce: brazaletes, prendedores, aros y sobre todo, placas pectorales.   Los apatamas complementaban la vestimenta con gruesos gorros de lana de llama.

Por la influencia incaica, adoraban al Sol y tenían lugares sagrados y distintos tipos de entierros.    La influencia incaica se nota también en los caminos y postas, como la conocida "Casa del Inca" o Incahuasi, en Rosario de Lerma, declarada Monumento Histórico.

 

 

 

Los guerreros diaguitas y omaguacas utilizaban arco y flecha, honda y rompecabezas.  Las puntas de las flechas se hacían de hueso o piedra.  Los pacíficos apatamas tenían pequeños arcos y flechas que adornaban con plumas.

Otra de sus costumbres, como la mayoría de los pueblos andinos, era deformarse la cabeza, mediante unas tablitas que daban forma alargada y oblicua al cráneo.

El culto enterratorio tenía gran importancia.  Los adultos se enterraban en un rincón de la habitación, acompañados por sus armas, objetos personales, comida y bebida para el largo viaje que iban a emprender.  Las criaturas en cambio se depositaban en urnas funerarias que se tapaban y enterraban.

Los nombres de los numerosos grupos que componían estas culturas hoy conforman la particular toponimia de la región. 

Uno de los pueblos diaguitas, los calchaquíes,  enfrentaron  valientemente la conquista y resistieron hasta mediados del siglo XVII.   Fueron perseguidos y combatieron mucho tiempo antes de ser vencidos.   Los conquistadores sacaron once mil personas de los valles, de distintos grupos, entre ellos los quilme, y los obligaron a caminar mil doscientos kilómetros, hasta una reducción a orillas del Río de la Plata: la actual ciudad de Quilmes. 

Los omaguaca fueron los últimos en ser sometidos por el conquistador.  Presentaron recia lucha; dominaban todo el sistema de la Quebrada lo cual hacía difícil el accionar de los españoles, y dos veces destruyeron los asentamientos urbanos de lo que más tarde sería San Salvador de Jujuy, que recién a la tercera vez, pudo considerarse fundada.


  Central de Reserva de Hoteles de Salta