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Salta Capital - Hoteles en Salta Capital - Turismo en Salta Capital

Hospitalidad y tradición; naturaleza; gastronomía, descubrimientos arqueológicos, la arquitectura colonial, los cerros de mil colores… Linda y alegre, la calidez de los salteños y salteñas nos habla de una provincia que, más allá de sus dificultades y contradicciones, ha entrado en la modernidad de la mano del turismo.


Todo recorrido turístico por esta hermosa provincia debe comenzar en la ciudad de Salta, fundada en 1582 por don Hernando de Lerma.

Allí se puede visitar el Cerro San Bernardo, a 1454 msnm, al que se asciende por teleférico y que tiene un mirador con una excepcional vista de los cerros.

En esta ciudad conviven un moderno centro comercial con las construcciones coloniales como la Catedral, el Cabildo –que alberga al Museo Histórico-, el Convento de San Bernardo, con su puerta colonial tallada en madera; y la iglesia de San Francisco, y las peñas y lugares tradicionalistas como el boliche de Balderrama.

En la Catedral, que guarda los restos de Martín Miguel de Güemes, se pueden conocer los símbolos descollantes de la religiosidad local: la Virgen Coronada de las Lágrimas y el Señor de los Milagros.  La ciudad es testigo los 15 de septiembre de numerosas procesiones que les rinden culto.

La ciudad cuenta también con un Mercado Artesanal donde se venden los trabajos directamente del artesano al público, con certificado de autenticidad y a precios razonables.  Funciona desde 1968 en una casona de adobe del siglo XVIII y se pueden encontrar artesanías de plata, ónix, asta y hueso, maderas, dulces artesanales, tejidos y cerámicas.

Un clásico: Cafayate, con su estallido de formas y colores, las bodegas y la gastronomía: empanadas de carne cortada a cuchillo, tamales, humita y locro.  Alameda y arenal, Cafayate sorprende con un paisaje diferente a cada recodo del camino.

La Puna nos recibe con su rostro helado y viento persistente; el sol es muy intenso y el aire enrarecido por la altura.  Entre los pliegues desérticos y montañosos esconde tesoros arqueológicos, iglesias coloniales y antiguas explotaciones mineras hoy transformadas en pueblos fantasma.

Los Valles Calchaquíes, con su historia y belleza, nos guían en el camino a Cachi, pasando por Animaná, San Carlos, Angastaco, Molinos, Seclantás y el Nevado.  Los valles están íntimamente ligados al vino y entre los vinos el Torrontés, blanco emblemático del norte argentino.

Y la vuelta a la capital, pasando por Payogasta  y Tin-Tin, el antiguo camino de los Incas, Valle Encantado y Cuesta del Obispo.

Más adelante la ciudadela incaica, sembradíos y corrales: Nazareno, con su calma vida comunitaria y la arquitectura típica de la puna: casitas de adobe, calles empedradas, construcciones centenarias. 

En el límite entre Salta y Jujuy, a 4000 m de altura, se puede ver una “apacheta”, la ancestral pirámide de piedras con que se rinde culto a la Pachamama, Madre Tierra.  Es obligado hacer una pequeña ofrenda, algo de comer y de beber para alimentarla y que siga brindando su protección.

Luego encontramos el pueblo de Iruya.  Su nombre se compone de antiguos vocablos atacameños: Iru-yak.  Iru es el nombre originario de la cortadera; Yak significa  señora.  Alude a una supuesta aparición religiosa que termina dando nombre a la ciudad de Iruya, asentada en una ladera de la Puna.

Ineludible el Camino del Vino, con sus viñedos de altura: a 1.600 msnm los de Cafayate, 2.300 los de Colomé, Molinos, Cachi y Tacuil.  Los jesuitas implantaron estas vides de alta montaña en el siglo XVII.  Las bodegas reciben a las visitas con la clásica hospitalidad salteña; muchas se han convertido en hoteles y hosterías ofreciendo la posibilidad de pasar la noche junto a los viñedos y levantarse temprano para recorrerlos con la guía de los expertos.

Uno de los principales atractivos turísticos de Salta es su circuito religioso, que comprende visitas a santuarios, a la catedral, procesiones y peregrinaciones, y conjuga el fervor religioso con las demostraciones de la cultura popular en artesanías y tejidos bellísimos.

Más allá de la influencia del catolicismo, el pueblo mantiene sus celebraciones ancestrales: cada 1º de agosto se adora a la Pachamama.  La celebración central se realiza en Cachi, comenzando con un trayecto de alrededor de 20 Km por un camino bien mantenido que caracolea por la falda de la Cuesta del Obispo.
 
Para los más audaces, turismo aventura: con guías y en camionetas de doble tracción, superando una altura de más de 5000 metros: Abra Cóndor y el cerro Fundición, con su majestuoso paisaje y el descenso empinado que fue descripto por los poetas salteños como Ulivarri: “En descenso suicida / mi mirada como un cóndor ciego se abalanza / y sobre el manto de su piel descansa / en suave oleaje la mortal picada..."

 

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